¿QUÉ ES EL DOLOR? MÁS QUE UNA MOLESTIA, ES UNA SEÑAL DE TU CUERPO

Por: Dra. Lina María Castillo

El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, un sentimiento, que tu cuerpo utiliza como alarma para avisarte de que algo no está bien: no es solo “una molestia”: es un mecanismo de protección vital. Pero cuando se vuelve crónico o muy intenso, puede afectar la calidad de vida, tu sueño, tu ánimo, y hasta tus relaciones. 

Es también el síntoma fundamental o principal de la presencia de una inflamación o un problema físico o emocional. 

Si el dolor no existiera podríamos llegar a lastimarnos o enfermarnos gravemente 

CLASIFICACIÓN 

POR DURACIÓN

Se conoce dos tipos de dolor según su duración:

  1. Dolor agudo: sentimiento, emoción o señal temporal, ejemplo una quemadura.
  2. Dolor crónico: sentimiento, emoción o señal constante y que se mantiene en el tiempo por diversas enfermedades o problemas. 

POR INTENSIDAD 

  1. Dolor leve
  2. Dolor moderado
  3. Dolor severo

SEGÚN SU ORIGEN (PATOGÉNESIS) 

  1. Dolor nociceptivo: está causado por un estímulo que actúa sobre los receptores de daño o receptores de dolor, indica un daño inminente 
  2. Dolor neuropático: causado por una lesión o mal funcionamiento en el sistema nervioso (daño en las fibras nerviosas)
  3. Dolor psicosomático: El dolor psicosomático se refiere a síntomas físicos reales (como dolor abdominal, cefalea, lumbalgia, etc.) que no pueden explicarse completamente por una patología orgánica detectable, pero que están estrechamente vinculadas a factores psicológicos, emocionales o de estrés. No significa que el dolor sea “imaginario”: es real y percibido, pero su origen o exacerbación está mediado por procesos psiconeuroinmunológicos

PRONÓSTICO DEL DOLOR 

Como tal, el dolor es una manifestación o signo de alerta para la persona de que tiene un problema, lesión o daño inminente en una zona concreta del cuerpo; que  si es  de características  agudas o urgentes ( ejemplo apendicitis  fractura)   requiere un manejo inmediato y así poder  evitar llegar a una  complicación o a un dolor crónico  

En el caso del dolor crónico, el dolor es la reiteración y el mantenimiento en el tiempo del mismo, que se prolonga en el tiempo durante al menos seis meses.  Y puede llegar a ser permanente y de difícil manejo (ejemplo una neuralgia post herpética o dolor posterior a una infección por herpes zoster) 

En este caso, el tratamiento del dolor será importante de cara a facilitar el desarrollo de la vida diaria del paciente, aunque identificar y tratar la enfermedad es igual de importante.

SÍNTOMAS DEL DOLOR 

Los síntomas del dolor varían en función del tipo de dolor, su origen, su localización y de su procedencia.

Es decir, los síntomas no tienen por qué parecerse entre ellos, así los síntomas del dolor pueden tener poco o nada que ver con los síntomas del dolor por un traumatismo, una herida o el dolor postquirúrgico.

  • Dolor de espalda: es uno de los principales problemas en la actualidad. De hecho, se estima que nueve de cada diez personas padecerán dolor de espalda en algún  momento de su vida.
  • Dolor reumatológico: engloba a los dolores que aparecen en el aparato locomotor. Las enfermedades más comunes son la artritis, la artrosis, el dolor lumbar, la osteoporosis.
  • Dolor traumatológico: aparece cuando el paciente ha sufrido un traumatismo que le ha provocado un esguince, una rotura o una luxación.
  • Dolor oncológico: es habitual que el paciente presente el llamado dolor irruptivo.
  • Dolor neuropático: descargas eléctricas, sensación de hormigueo, picor, quemazón en la zona, pinchazos y agujetas, presión…
  • Dolor abdominal: se trata de un síntoma poco específico y que puede estar ocasionado por muchos problemas dentro del aparato digestivo. En ocasiones es un síntoma que refiere problemas que ocurren en otras partes del cuerpo.
  • Dolor ginecológico: su espectro va desde el dolor agudo al crónico.
  • Dolor postoperatorio: se trata de un dolor agudo que tiene una duración determinada en el tiempo.

PRUEBAS MÉDICAS PARA EL DOLOR  

En función del tipo y de la localización del dolor se pueden hacer múltiples pruebas para tratar de identificar el origen del problema y posteriormente poder iniciar un tratamiento para paliarlo.

¿Cuáles son las causas del dolor?

Existen numerosas causas por las que el dolor puede aparecer en una persona.

Dolor de espalda y dolor cervical: problemas en los discos, espasmos, tensión muscular, traumatismos y accidentes, fracturas, esguinces, caídas, etc. A su vez, existen enfermedades relacionadas que pueden ocasionar dolor en el paciente, como por ejemplo la artritis, el embarazo, la escoliosis, la presencia de piedras en los riñones, una endometriosis, lumbalgia, ciática, etc.

Dolor reumatológico: está causado por esguinces, luxaciones y fracturas.

Dolor articular: se origina en las articulaciones y suele ser más un síntoma que una patología en sí. 

Dolor oncológico: el dolor en pacientes con cáncer es bastante frecuente, y aparece en cerca del 90% de los pacientes. Normalmente, se trata de un dolor crónico. Está originado por la invasión tumoral de estructuras óseas, nerviosas o vasculares, por el mismo procedimiento, por síndromes paraneoplásicos y otras causas ajenas.

Dolor neuropático: está causado por un funcionamiento extraño y anormal por parte del sistema nervioso de la persona que confunde estímulos y los transforma en estímulos dolorosos.

Dolor abdominal: existen diversos motivos por los que puede aparecer dolor abdominal en una persona (estreñimiento, síndrome del intestino irritable, alergias, intoxicación alimentaria, apendicitis, cáncer de estómago, aparición de úlceras, cálculos renales, pancreatitis, acidez, diverticulitis, dispepsia).

Dolor ginecológico: las patologías más frecuentes que causan este tipo de dolor son la dismenorrea, la endometriosis, la miomatosis uterina, la presencia de malformaciones de tipo congénito, dolor ovárico, dolor post-cirugía o una inflamación en la pelvis.

Dolor postoperatorio: este dolor aparece como una consecuencia de una intervención quirúrgica.

Otros: neuralgia, dolor torácico, dolor pélvico, dolor por diabetes, dolor orofacial, dolor miofascial, dolor en el pie, dolor de codo, dolor de cadera, etc.

¿SE PUEDE  PREVENIR EL DOLOR?

En ocasiones, la prevención del dolor es totalmente imposible, ya que este puede aparecer súbitamente, por ejemplo, tras un traumatismo por un accidente o una caída.

No obstante, existen otro tipo de dolores en los que la acción de la persona durante su día a día puede evitar su aparición. Por ejemplo, la higiene postural, es decir, mantener una correcta postura a la hora de trabajar o desarrollar ciertas actividades, ya que puede servir para evitar la aparición del temido dolor de espalda o dolores musculares.

A su vez, es importante también acudir al especialista cuando los signos del dolor aparecen, ya que en muchas ocasiones el paciente diluye la visita en el tiempo y cuando acude a la consulta se encuentra con que su dolor es crónico. Es importante acudir pronto a un especialista, ya que el dolor crónico puede ser el causante de otros problemas, como el estrés o la depresión entre otros al no poder afrontar su día a día con tranquilidad y sin molestias.

DOLOR  PSICOSOMÁTICO: La Interconexión entre Emoción, Mente y Cuerpo

Conocido como dolor somático funcional o trastorno somático— se refiere a la manifestación física de malestar en ausencia de una lesión orgánica claramente identificable, o cuando la intensidad del dolor no se corresponde con hallazgos clínicos objetivos.

 En la medicina complementaria y alternativa (MCA), este tipo de dolor se entiende como una expresión de desequilibrios emocionales, psicológicos o energéticos que se “materializan” en el cuerpo físico.

Base neurobiológica y psicológica del dolor psicosomático.

Estudios recientes han demostrado que el dolor psicosomático no es “imaginario”, sino que tiene una base neurofisiológica real. La red de procesamiento del dolor —que incluye la corteza prefrontal, la ínsula, la amígdala y el giro del cíngulo anterior— se activa de forma similar tanto en el dolor orgánico como en el psicosomático (1. ). Además, el estrés crónico y las emociones no procesadas pueden alterar la regulación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA), aumentando la sensibilidad al dolor y promoviendo estados inflamatorios de bajo grado (2) 

Mapa cuerpo-emoción: correlaciones clínicas observadas

Desde una perspectiva integrativa, múltiples tradiciones —como la medicina tradicional china (MTC), la medicina ayurvédica y la psicosomática occidental— proponen mapas de correspondencia entre órganos, tejidos y emociones. Aunque estas correlaciones no siempre son validadas por ensayos clínicos aleatorios, sí existen estudios que respaldan ciertas asociaciones:

  • Dolor gastrointestinal (colon irritable, dispepsia funcional): Fuertemente vinculado a ansiedad, estrés y trauma emocional no resuelto. En un estudio se  evidencio que hasta el 60% de los pacientes con trastornos gastrointestinales funcionales presentaban comorbilidad con trastornos de ansiedad o depresión (3).
  • Dolor lumbar crónico sin causa estructural: Asociado a sentimientos de inseguridad, sobrecarga emocional o dificultad para “sostener” responsabilidades. Un estudio de 2021 mostró que intervenciones basadas en mindfulness y terapia cognitivo-conductual redujeron significativamente el dolor lumbar no específico al abordar factores psicosociales (4).
  • Cefaleas tensionales y migrañas: Relacionadas con perfeccionismo, autocrítica excesiva y supresión emocional. Investigaciones recientes (2020–2024) en Cefalalgia han vinculado la disfunción del sistema límbico y la hiperactividad amigdalar con la cronificación de estos dolores.
  • Fibromialgia: Considerada un paradigma del dolor centralizado y psicosomático. Estudios de neuroimagen (2022, Arthritis & Rheumatology ) confirman alteraciones en la modulación descendente del dolor, exacerbadas por traumas emocionales tempranos o estrés postraumático.

Herramientas de manejo desde la medicina complementaria

La medicina alternativa y complementaria ofrece enfoques holísticos que abordan tanto los síntomas físicos como las raíces emocionales del dolor psicosomático:

Terapias mente-cuerpo

Mindfulness y meditación: Reducen la rumiación mental y la hiperalerta del sistema nervioso simpático. Un ensayo clínico de 2023 en JAMA Internal Medicine mostró que 8 semanas de entrenamiento en mindfulness disminuyeron un 30% la intensidad del dolor en pacientes con trastornos somáticos.

Yoga y tai chi: Mejoran la regulación emocional y la percepción corporal, modulando la respuesta al estrés (estudio en Frontiers in Psychology , 2021).

Acupuntura: Reconocida por la OMS y respaldada por múltiples revisiones Cochrane, la acupuntura modula neurotransmisores como la serotonina y las endorfinas, y regula el flujo de “Qi” en la MTC, donde el estancamiento emocional (especialmente de ira o tristeza) se asocia con dolor en zonas específicas (Zhang et al., 2020; Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine ).

Fitoterapia y nutrición emocional:
Plantas adaptógenas como ashwagandha ( Withania somnifera ) o rhodiola han demostrado efectos ansiolíticos y moduladores del eje HPA (Phytomedicine, 2022). Además, la microbiota intestinal (“segundo cerebro”) juega un papel clave en la regulación del estado de ánimo y la percepción del dolor.

Terapia floral y energética:
Aunque con menor evidencia cuantitativa, sistemas como las Flores de Bach son utilizados en contextos clínicos integrativos para facilitar la expresión emocional y la liberación de bloqueos psicoemocionales, especialmente en pacientes con alta resistencia al enfoque cognitivo tradicional.

Terapia  Neural: tratamiento que ayuda al cuerpo a “reiniciar” su sistema eléctrico natural para aliviar el dolor. Aplica inyecciones muy suaves de un anestésico local en puntos clave:

Esto no adormece el dolor para siempre , sino que envía una señal de “calma” al sistema nervioso , como un “reset” que le dice:  “¡Ya pasó el peligro! Puedes dejar de enviar alertas.” 

Conclusión

El dolor psicosomático representa un punto de encuentro entre la biología, la psique y el entorno. Desde la medicina complementaria, no se trata de negar lo físico, sino de reconocer que el cuerpo habla el lenguaje de las emociones. Abordar este tipo de dolor requiere un enfoque multidimensional que combine la validación del sufrimiento del paciente con herramientas que restablezcan la armonía entre mente, emociones y cuerpo.

Referencias clave (2020–2025)

Barsky, AJ, y Borus, JF (2021). Síndromes somáticos funcionales. JAMA Psychiatry , 78(5), 461–462.

Kiecolt-Glaser, JK, et al. (2022). Emociones, inmunidad y enfermedades crónicas. Nature Reviews Immunology , 22(3), 179–191.

Lackner, JM, et al. (2023). Tratamientos psicológicos para el síndrome del intestino irritable: Un metaanálisis. Gut , 72(1), 45–56.

Cherkin, DC, et al. (2021). Atención plena y terapia cognitivo-conductual para el dolor lumbar crónico. Medicina del Dolor , 22(4), 789–798.

Zhang, Y., et al. (2020). Acupuntura para el trastorno de síntomas somáticos: Una revisión sistemática. Medicina complementaria y alternativa basada en la evidencia , 2020, 1–12.

Häuser, W., et al. (2022). Sensibilización central en la fibromialgia: Mecanismos y tratamiento. Arthritis & Rheumatology , 74(6), 901–910.

Bohlmeijer, E., et al. (2023). Reducción del estrés basada en la atención plena para el trastorno de síntomas somáticos: Un ensayo clínico aleatorizado. JAMA Internal Medicine , 183(2), 145–154.